Tradiciones
- El agua de lluvia -
Debido principalmente a la dureza de las aguas de los pozos someros y en otros casos a la salinidad que presentan los que se encuentran cerca de las zonas costeras, como en Campeche y Chetumal, la gente en toda la península de Yucatán acostumbraba recolectar el agua de la lluvia.
El agua de lluvia se recolectaba en aljibes o cisternas. Hace unos años se extraía manualmente, por medio de veletas o con pequeñas bombas de mano. En Chetumal, las aguas se recolectaban en su mayoría en grandes depósitos de madera llamados Curbatos. En las ciudades de Mérida y Campeche se acostumbraba más el método de los aljibes, por lo que a cierta altura, se podía ver en los techos de las casas un horizonte de veletas que funcionaban casi siempre por las tardes en que soplaban los vientos dominantes del Sureste.
En Campeche las personas que no tenían aljibes compraban el agua de lluvia a los repartidores que la transportaban en sus pipas de tracción animal, que recorrían las calles ofreciendo el preciado líquido. Aún queda esta costumbre en Campeche, y si se toman las medidas necesarias de higiene, el agua de lluvia es muy sabrosa.
Mitos
- Los aluxes y Dzibalche -
Dicen que, en tiempos inmemoriales, los aluxes fueron creados para cuidar las milpas y los montes, aunque ahora corren sobre ellos muy distintas historias.
Algunas los relacionan con los hmenes y con la desaparición de los niños. Pero vamos por partes.
Se cree que, en realidad, fueron creados por personas "muy antiguas", de las que nada se sabe, y que ellas los hicieron mezclando k´at (barro cocido) con la sangre de un animal inteligente, fuerte y audaz.
Otros afirman que son muy ágiles, pues dicen que su cuerpo está conformado con partes de diversos animales del bosque, y que sus piernas fueron hechas de los ciervos más rápidos que se hayan encontrado.
Cuentan, además, que cuando un alux quedaba terminado, parecía un muñeco de baja estatura; sus creadores lo llevaban entonces hasta el interior de los bosques y de las milpas y lo ponían bajo un árbol. Hasta allí se le llevaban ofrendas de han li cool (comida del monte) y de agua fría.
Al cabo del tiempo, el muñeco desaparecía misteriosamente y, precisamente al desaparecer, el alux cobraba verdadera vida.
No se conocen muy bien sus relaciones con Dzitbalché, aunque cuentan que hace muchísimo tiempo llegaron de Potochán unas personas que hablaban el maya y el lacandón, y que se establecieron en un sitio denominado Xmay Keken (Pezuña de Cochino), cerca del barrio de San Mateo.
Quizás por falta de agua, dejaron ese lugar para irse a Noh-Cah (Pueblo Grande), que es ahora el barrio de San Feliciano. Y así estuvieron de sitio en sitio hasta llegar a Dzitbalché, ciudad que tomó su nombre de un árbol de balché, que por cierto, era el único en ese lugar, y del cual se extraía una substancia que los hmenes convertían en vino, fermentándolo con miel de abeja.
Pero hablemos de los hmenes y de su extraña relación con los aluxes.
Los hmenes son sacerdotes que conocen mucho del pueblo, de sus costumbres y de la vida. Saben hablar maya en forma extraordinaria y más rápido que cualquier persona. Participan en los ritos del han-li cool y asientan agua fría para los aluxes. También curan a quienes padecen de males extraños.
Pero... ¿De quiénes han aprendido todas estas cosas los hmenes?
Algunas personas cuentan que los aluxes acostumbran llevarse a los niños que ven por casualidad en el monte y que los atraen con algo que no pueden resistir, hasta conducirlos al Ca-cab (Casa de los aluxes).
Afirman que, en el Ca-cab, les enseñan cosas maravillosas, para que luego las practiquen en un lugar habitado.
Cuando el niño crece, los aluxes lo regresan al sitio donde lo encontraron, convertido ya en hmen.
Algunos se han atrevido a preguntarle a los propios hmenes dónde aprendieron todo lo que saben, pero lo cierto es que un verdadero hmen no lo dirá jamás, pues no ignora que los aluxes le causarían la muerte mediante alguna enfermedad incurable.
Cuentos
- El dos pies -
Entre los animales que habitan las llanuras del Mayab, se encuentra Balam, el tigrillo.
Balam nació en una cueva y era la adoración de su madre, que lo cuidaba mucho y le daba todo. Creció hermoso, fuerte y esbelto y, muy pronto, como tigre que era, quiso valerse por sí mismo. Cierto día, dijo a su madre:
-Quiero salir al mundo, porque ya me siento grande y fuerte.
Mirándolo con ternura, su madre le contestó:
-Aún eres joven, y no todo en la vida se logra con fuerza. Es verdad que puedes defenderte de otros animales parecidos a ti, o huir de ellos para que no te maten. Pero hay un animal que no conoces. Se llama Ca'dzit ok, el Dos Pies. A ése, cuando sea necesario, puedes enfrentarlo con astucia. Pero nunca lo busques.
-¿Es grande ese Ca'dzit ok? -le preguntó Balam.
-De tamaño, no -respondió su madre.
-Yo lo dominaré -afirmó él.
-No, hijo; no te acerques -insistió ella.
Por fin, una mañana, el pequeño Balam decidió ir en busca de aventuras y, sin decirle nada a su madre, salió a correr mundo.
Lo cierto es que sólo pensaba en aquel Ca'dzit ok, al que no conocía.
Caminando caminando, se encontró con un venado.
-¿Eres tú el Ca'dzit ok? -le preguntó.
-No -contestó el venado -yo procuro andar lejos de él y no quiero encontrármelo.
-¡Eres un cobarde! -le dijo el tigre, y lo mató de un zarpazo.
Siguió su camino y, en un claro del bosque, se encontró con Kambul, el pájaro amarillo.
-¿Tú eres el Dos Pies? -lo interrogó.
-No respondió Kambul-, no lo soy. ¿Para qué lo buscas?
-Para demostrarle que soy muy fuerte y que soy el rey de la astucia -dijo Balam.
-Aléjate de él- insistió el pájaro-; no podrás vencerlo.
-Eres débil, Kambul -afirmó Balam, y de un zarpazo le dio muerte.
Continuó andando y, como si estuviera señalado por su destino, vio venir a otro animal. Era raro y parecía débil; tanto, que tenía que protegerse con ropa y caminaba lentamente, sin firmeza, porque usaba solamente dos de sus patas.
-¿Eres el Ca'dzit ok? -preguntó el tigrillo.
-Sí, Balam, soy yo.
Muy seguro de sí, el felino soltó la carcajada.
-¿Y es de ti de quien debo huir? Si de un manazo puedo acabar contigo.
Balam continuó diciendo:
-Eres tan débil que debes andar con ese tronco negro de papaya para abrirte paso en el monte, tienes que cubrirte el cuerpo para que no te hieran las espinas y ponerte cueros en los pies para no lastimarte.
Y añadió:
-De todos modos te voy a matar. Pero voy a darte una última oportunidad. Escoge la forma en que deseas morir.
-Eres valiente y presuntuoso -afirmó el Dos Pies-, pero acepto tu reto. Vamos a ponernos espalda con espalda y caminemos diez pasos. Entonces nos damos la vuelta y atacamos.
-Bueno -dijo el tigre-, así tomo más impulso y caigo con más fuerza sobre ti.
Entre el verdor límpido del campo, asomaron las cabezas de muchos animales, testigos del extraño duelo que iban a librar Ca'dzit ok y Balam. A lo lejos, se escuchaba la algarabía de los pájaros. De espaldas, los duelistas iniciaron la marcha, y cada paso resonaba sobre la tierra húmeda:
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez.
Rápidamente, Balam se lanzó contra el Dos Pies y se encontró con una bola de fuego y con la sensación de haber tropezado con algo denso y caliente.
A pesar del humo producido por el disparo, se dio cuenta de que aquel tronco de papaya era en realidad un rifle que escupía bolas de fuego.
Sacando todas sus fuerzas, mal herido, huyó como alma que lleva el viento.
Con él, fijas en su mente, iban las palabras de su madre:
-No te metas con el Ca'dzit ok.