DISTRITO FEDERAL
Tradiciones- Los maestros de los niños aztecas -
La cultura mexica o azteca es un ejemplo para el mundo por el amor y el respeto que ese pueblo expresaba a los pequeños. Había ancianos a los que se elegía por su sabiduría para que orientaran a los niños y los ayudaran a alcanzar la mayor perfección posible. Les enseñaban a cultivar y les inculcaban el amor por la tierra, el gusto por el trabajo, el deseo de compartir el alimento con los suyos, con los vecinos y con los necesitados. Los niños aztecas eran queridos pero no mimados, aprendían a soportar los temblores, el hambre, la sed y el frío.
Padres y maestros sabían que la mejor manera de lograr que los niños siguieran sus consejos y los obedecieran era hablándoles con cariño. Fíjate qué bonito le hablaba una madre a su niña: "Aquí estás mi hijita. Mi collar de piedras finas, mi plumaje de quetzal, mi hechura humana, la nacida de mí. Tú eres mi sangre, mi color, en ti está mi imagen".
En ese tiempo había dos clases de escuelas. En el Tepochcalli estudiaban los que se preparaban para ser guerreros. En cambio, al Calmécac asistían los que se dedicarían a las ciencias. En el Calmécac había un lugar destinado a las niñas, a quienes se les daba enseñanzas morales, es decir sobre lo que era considerado bueno. También se les preparaba para ser esposas y madres. Los niños recibían consejos morales, para que llevaran una vida honesta, y también consejos prácticos, para que hicieran bien las cosas.
A los sabios, los Tíamatiníme, que eran maestros en el templo, se les escogía por sus conocimientos y su buen corazón. Como se enseñaban tantas disciplinas o materias, tenían maestros para cada una.
Había muchos instructores para las artes, la artesanía, la ciencia y la lectura de los códigos. Todos estaban bajo las órdenes de Quetzalcóatl, el dios, y de su representante, el sacerdote mayor.
Mitos- El agua -
Los aztecas veneraron a Tláloc porque creían que enviaba la lluvia fecundadora, las tempestades, los rayos, los relámpagos y las inundaciones devastadoras. En su honor realizaban sacrificios y hacían ofrendas.
El gran Templo Mayor de Tenochtitlan fue dedicado a Huitzilopochtli, dios de la guerra, y a Tláloc con poéticas palabras: "Señor de lo verde, de lo fresco y de los temporales, que haces brotar las semillas que son como piedras preciosas: que se alegren y regocijen también los animales como las plantas, y que las aves de preciosas plumas vuelen y canten y chupen el néctar de las flores".
Cuentos- Una ciudad de submarinos -
Juanita estaba contentísima. ¿Qué clase de regalo podía contener un paquete tan largo? Después de sacar un enorme tubo de la caja, su padre le explicó:
-Es un periscopio, como el que llevan los submarinos.
Juanita y su padre subieron a la azotea de la casa y mientras su padre sostenía el tubo, ella se asomó por el visor de uno de los extremos.
-¡Azul es el cielo, papá!
Juanita había logrado con su periscopio atravesar la capa de "smog" que cubría la ciudad. -¿Tú también tuviste un periscopio cuando eras chico, papá?
Entonces el padre de Juanita le contó cómo antes la ciudad de México no estaba cubierta por aire contaminado. -No éramos tantas personas ni había tantos coches y fábricas.
Los coches y las fábricas arrojan al aire sustancias que hacen daño. Todo esto con el calor de la ciudad y el vapor de agua que hay en la atmósfera forman una capa café, negra y a veces roja. En las ciudades que están en un valle, como la ciudad de México, la situación es mucho peor, pues el aire contaminado se estanca y a veces nos duele la cabeza, nos lloran los ojos, nos da catarro. Juanita se puso muy triste.
Pensó que era muy hermoso ver ese cielo azul pero que no era justo que sólo ella lo conociera.
-Papá, vamos a comprar muchos periscopios para todos los niños de la ciudad de México.
-Pero Juanita, cada vez tendrán que ser más y más largos, hasta que pesen tanto que ningún niño los podrá aguantar, hay que buscar un remedio. Ciudades que alguna vez tuvieron graves problemas de contaminación, como Londres, han aliviado la situación sacando las fábricas de la ciudad y rodeándola de jardines, a los que llaman "cinturones verdes".
Si cada niño sugiere una forma de acabar con la contaminación, tal vez, antes de que el mundo se llene de periscopios y todos parezcamos submarinos, habrá de nuevo un cielo muy azul.
Fuente: SEP, Español. Segundo grado, México, 1997.