HIDALGO
Tradiciones- El Carnaval de la Huasteca -
Las fiestas de carnaval son muy importantes en la región de la huasteca. En las comunidades de Jaltocan, por ejemplo, los preparativos se inician dos meses antes: al anochecer, empiezan a escucharse los sonidos provenientes de diferentes instrumentos, como los quinquixahuitles (elaborados con madera y boquillas de carrizo embonadas en hojas de piña), son los llamados que se hacen las diferentes comunidades entre sí para anunciar que el Carnaval se acerca. Al escuchar el primer sonido, aquellos que ya han elaborado sus instrumentos responden y los que no, empiezan a hacerlo, de manera que a partir de esa noche cada día al anochecer van aumentando los sonidos desplegados en la Huasteca de comunidad en comunidad.
La manera como ésta se organiza varía de municipio en municipio. En Jaltocan se forman dos bandos, uno de hombres y otro de mujeres, que conforman "cuerpos militares", es decir, hay desde el primer general hasta soldados rasos. Todos los nombramientos son dados por escrito, ya que se considera que así se otorga un mayor compromiso de participación.
Los generales forman brigadas que salen a llevar invitaciones a otros municipios para que asistan a la fiesta. Cada bando se reúne cotidianamente para planear sus estrategias de juego, que consiste en ver las diferentes actividades que se llevarán a cabo para provocar al bando contrario, ya que en estas fiestas se dan combates entre hombres y mujeres, tal como ocurría en la España del siglo XVI. Se proveen de tambores, latas, flautas o cualquier cosa con la que se pueda hacer ruido; se trasladan en algunas camionetas a diferentes comunidades o municipios para hacer las invitaciones, y durante su recorrido cantan y gritan coplas de insulto o alusiones grotescas al otro bando para provocarlo.
En todos los municipios la gente se disfraza. La mayor parte de los hombres se transforman en "mecos", para ello utilizan diferentes formas y colores, dependiendo del lugar, y llevan como atuendos penachos o sombreros pintados y palos que simulan machetes. Para pintarse utilizan piedra de tepetate, carbón, corteza de árbol de pemuche (árbol de flor amarilla comestible), harina y polvo de pintura vinil. Estos materiales los mezclan con agua, con aceite o con manteca; en algunos lugares utilizan aceite quemado de coche.
Se han compuesto cuatro sones, exclusivos de estas fiestas, para que los mecos bailen por las calles. En varias de las comunidades de Huautla, entre los mecos se distinguen los danzantes conocidos como "tepechichis", o "perros de monte", hombres y jóvenes que caminan y corren "en cuatro patas" y hacen travesuras en las casas que visitan. La gente les ofrece comida y bebida que consumen fuera de la casa y por la cual simulan pelear entre ellos.
La fiesta tiene una duración de tres a cinco días. El domingo en que inicia, se puede observar en cabeceras, barrios y comunidades a las mujeres preparando el platillo típico de estas fechas, el tradicional tamal de zacahuil. Los hombres, por su parte, consiguen leña para calentar los hornos, que son de barro o de tierra. Como no toda la gente tiene o puede hacer un horno, se organizan para hacer los tamales en los hornos que hay o construyen uno de tierra entre varios vecinos. Además del zacahuil se prepara un tamal de ajonjolí relleno de frijol, cilantro y chile. Durante esta jornada también alistan el material necesario para el día siguiente que empiezan a bailar: penachos, pintura, disfraces y demás, y finalizan los detalles con el grupo huapanguero o la banda de viento que los va a acompañar.
El lunes las actividades se inicianantes de que amanezca. Los hornos son abiertos para sacar los tamales, que serán consumidos desde el almuerzo hasta la cena. Los barrios que se organizaron, sacan de sus propias casas mesas y sillas que colocan en el sitio elegido de común acuerdo para probar el platillo en compañía de todos aquellos que los visitan. Este día el Carnaval pertenece a las mujeres, quienes desde el amanecer persiguen a cuanto hombre encuentran, lo lazan y lo pintan, los encarcelan en un lugar seleccionado con anterioridad, de dónde sólo pueden salir después de las doce, entregando para ellos una multa que se destina para comprar alimentos. Para tener más presos, las mujeres, dirigidas por su generala, hacen un recorrido por varias casas donde bailan y conviven con la familia antes de atrapar a sus víctimas. Si alguno no quiere salir de su escondite, es obligado con humo de incienso y polvo de chile. Después de que los presos son liberados, se inicia un combate de todos contra todos, el cual culmina hasta ya entrada la noche, cuando se van a bañar a sus casas para después asistir al baile popular. En las cabeceras de Huejutla y San Felipe Orizatlán, por la tarde se realizan desfiles de carros alegóricos que transportan a las reinas del Carnaval.
El martes es de los hombres, quienes reproducen y aumentan todo lo hecho por las mujeres el día anterior. Se pueden apreciar cómo varias personas llevan diversos tipos de animales disecados y de madera, tales como víboras hechas de ramas de árbol pintadas, con los que representarán la lucha del bien contra el mal. Las cuadrillas de mecos siguen bailando hasta la tarde, que es cuando llegan los carros alegóricos con las reinas; entonces cada cuadrilla se reúne con su reina y reciben de ella flores y dulces. Se inicia luego el desfile que hace un recorrido alrededor del pueblo acompañado con música de banda de viento. Al regresar al centro los mecos vuelven a bailar al ritmo de la banda, mientras el resto de hombres y mujeres combaten entre sí estrellándose cascarones rellenos de confeti o harina. Aquí la fiesta finaliza con una lucha de todos contra todos para obtener la bandera del carnaval que, según algunos afirman, es el mal. El día termina con un baile popular.
El miércoles el Carnaval finaliza con la imposición de la ceniza en una cruz, que simboliza la purificación de sus almas. La fiesta en sí significa para los huastecos el lavado de todos los males, es una oportunidad de desahogo y de convivencia con las demás comunidades.
Mitos- Dios del fuego -
Este era un señor llamado Domingo, en español, y Domingutzi en lengua náhuatl. Había nacido en San Pedro Huazalingo. Todas las mañanas le gustaba ir a sentarse junto a la lumbre. Sus cuñados lo fastidiaban mucho porque nada más estaba jugando con la lumbre y no quería ir a trabajar con ellos al campo.
Un día, sus cuñados se decidieron a obligarlo a trabajar y lo regañaron mucho, pero él no respondía. Así pasaron los días.
Un día, el señor Domingutzi se dijo:
-Ahora les voy a demostrar a mis cuñados que para mí no es necesario trabajar mucho para hacer una milpa grande. Sin cansarme y sin el sacrificio de estar trabaja y trabaja, yo voy a echarle fuego a ese rastrojo, y ya verán como yo puedo hacer mucho más que ellos.
Se fue a la milpa. Tan sólo hacía una brecha en el rastrojo, le prendía fuego y en unos minutos todo se quemaba. En cambio los cuñados, por más que hacían, no podían prenderle fuego a su rastrojo ya desyerbado. Entonces dijeron:
-¿Por qué nuestro rastrojo no prende, si ya está bien seco, y el de Domingo arde con tan sólo una brecha que le hace? ¿Cómo le hará? ¿Acaso es una persona milagrosa? Y fueron a buscarlo.
-Oye, Domingutzi, nuestro rastrojo no prende por más que hacemos y el tuyo sí. Ven a prender fuego a nuestro rastrojo. Domingo contestó:
-No, porque yo soy un flojo que nomás está sentado cerca de la lumbre.
Los cuñados le rogaron y le rogaron hasta que lo convencieron. Fue al rastrojo de sus cuñados y, apenas se paraba en la orilla de la yerba seca, empezaba a quemarse como si fuera agua que baja por la ladera.
Entonces, sus cuñados y muchas otras personas, se admiraron al ver cómo Domingutzi no necesitaba esfuerzos para hacer fuego con cualquier cosa.
Todos pensaron que él no era común y corriente, sino que hacía milagros y que era el Dios del Fuego.
Desde ese día, el señor Domingutzi se fue a vivir a un cerro llamado Xilotzingo, donde se quedó y no volvió a ver ni a sus padres ni a la demás gente.
Desde ese día nadie pudo guisar sus alimentos por falta de lumbre. Entonces los familiares de Domingutzi fueron a buscarlo y le dijeron:
-Regresa, Domingutzi, mira que no podemos hacer lumbre sin tu presencia.
Lo que hizo Domingutzi fue quitarse un pedazo de dedo y se los dio para que hicieran fuego cuando lo necesitaran. Su familia pudo prender lumbre pero los demás no pudieron. Fue la gente a ver a Domingutzi, le llevaron música y también comida hecha por sus familiares. El les dio un pedazo de su dedo y así ya pudieron cocer sus alimentos.
Desde ese día supieron que el señor Domingo era el Dios del Fuego.
Esto es lo que cuentan en mi pueblo.
Cuentos- ¿Por qué el topo vive bajo la tierra? -
Hace mucho tiempo, según lo cree la gente, el sol se iba aproximando a la tierra, de modo que cada día quemaba con más fuerza y las plantas se secaban. Sucedió entonces que unos campesinos quisieron detener al sol porque les había destruido las siembras. Pero no pudieron hacer nada pues el sol los quemó.
Se cuenta que después se reunieron los animales más astutos y fuertes de los bosques y las selvas. Eligieron al león, por ser el más fuerte, para que detuviera al sol, y dijo el león:
- Yo detendré al sol, así me juegue la vida.
Pero no pudo hacer nada porque se quedó inmóvil. Siguió el coyote y tampoco logró nada. Así fueron pasando todos los animales. Al fin sólo quedaba el más pequeño de todos, el que actualmente conocemos con el nombre de topo, y dijo:
- Yo, el más pequeño de todos y el más débil, haré un esfuerzo por detener al sol; aunque no estoy seguro de lograrlo, demostraré que también tengo valor.
El topo se dispuso a detener al sol. Amontonó ramas, espinas, palos y toda clase de objetos que encontraba a su paso. El sol seguía quemando, pero el topo no se daba por vencido. Siguió adelante en su tarea hasta que logró detener al sol. Nada más que nadie quedaba para felicitarlo por su triunfo, que para él había sido el más grande de su vida. Fue tanta su sorpresa que cuando levantó la vista y vio al sol, se quedó ciego. Pero eso a él no le importó. En eso oyó una voz que decía:
-Has quedado ciego, has perdido la vista por salvar a tu pueblo, pero no te preocupes porque ya no vas a necesitar ver. Te voy premiar: he escogido para ti otro camino y tú ya jamás vivirás sobre la tierra, sino que te irás por ese otro camino.
Se dice que aquella voz fue la de Dios, nuestro señor, y que el camino que le designó al topo iba a dar debajo de la tierra a unas cuevas oscuras que él mismo hace y donde vive actualmente.
Fuente: CONAFE, Cuéntanos lo que se cuenta, México, 1991.