Los Pinos

Conoce la historia de la casa presidencial y cómo se ha transformado a través del tiempo.

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Época Prehispánica

Cuenta una leyenda que Huémac, señor y sacerdote de Tula antes de la ruina de este reino, citó a los “tlaloque”, dioses de la lluvia, para contender en un juego de pelota donde el trofeo ofrecido por ambos contendientes fueron sus piedras de jade y sus plumas de quetzal.

 

 

 

Huémac venció a los “tlaloque” y exigió el pago de la apuesta, pero los dioses le presentaron solamente
mazorcas tiernas que aquel rechazó, exigiendo que se cumpliera lo pactado. Esto provocó el enojo de los dioses de la lluvia, que, si bien cumplieron lo establecido, castigaron con cuatro años de hambre a los toltecas.

Pronto cayó una helada,
y el granizo cayó hasta la última rodilla;
destruyó el maíz, nuestro sustento,
el granizo que caía con la helada.
Y solo en Tollan aisladamente, hubo ardiente calor.
Se secaron todos los árboles, los nopales, los magueyes,
y todas las piedras se quebraron, se partieron,
por obra del calor…


El desenlace de este mítico suceso tuvo lugar en Chapultepec, en cuyas aguas los “tlaloque” hicieron brotar la mazorca tierna de maíz. A un tolteca macegual, testigo de este acontecimiento, el propio Tláloc –que también había salido del agua—le dio un manojo de elotes que extrajo del precioso elemento (“cuantos pudo abarcar con sus brazos”). Los entregó a dicho macegual y le ordenó dárselos a Huémac, al tiempo que le profetizó el ocaso del pueblo tolteca y el surgimiento del mexica.

En el Códice Florentino se relata que uno de los presagios de la inminente destrucción del Reino de Tula, fueron las numerosas piedras que cayeron del cielo sobre los toltecas y en especial una de mayores dimensiones que se abatió en “la parte de atrás de Chapultepec”, monolito que se destinó para fines religiosos y que dio nombre al sitio: Techcatitlán (en la piedra de los sacrificios).

Hacia 1162 (año 7-Conejo) según los anales de Cuautitlán, Huémac se dio muerte así mismo en la cueva de Cincalco, Chapultepec, cuando afligido contemplaba impotente el fin del pueblo tolteca y era acosado por sus enemigos nonohualcas.

Más tarde y procedentes del norte, llegaron a la cuenca del valle de México las siete tribus nahuatlacas, y como el territorio estaba ya ocupado, solicitaron permiso a Xólotl para fijar aquí su asiento. Éste se los otorgó, pero a condición de que le reconociesen como rey y le pagasen el correspondiente tributo. De esta manera, los tecpanecas procedieron a establecerse en Azcapotzalco; los acolhuas en Texcoco; los tralcaltecas en Tlaxcala; los chalcas en Chalco; los xochimilcas en Xochimilco y los tlahuicas en Cuauhnáhuac, hoy Cuernavaca. La séptima tribu, la de los aztecas, llegó después.

Las tierras ribereñas situadas al poniente del lago, en Chapultepec, estaban sujetas al señorío tecpaneca de Azcapotzalco en la época de este relato. La tribu mexica, llegó al valle de México al final de su largo peregrinar desde Aztlán, se asentó en Chapultepec hacia el año 1250, cuando gobernaba Azcapotzalco el “tlatoani” Acolnahuacantzin. Se afincaron a espaldas de Chapultepec, en el llamado Techcatitlán, como le denominaron posteriormente los mexicas, según relata la Crónica Mexicayotl. En este sitio eligieron a Huitzilihuitl “el viejo” como su capitán y caudillo.

 

Época Colonial

Consumada la conquista y en planes para edificar la capital de la Nueva España, a la población indígena sobreviviente se les asignaron cuatro barrios o “calpulli” en el perímetro de la ciudad para que vivieran. Cuando la capital de la nueva España resurgía, aparece la primera referencia de un Molino, “junto al río de Tacubaya” el 15 de diciembre de 1525.

El terreno sobre el que se edifica el “Molino del Rey” o del Salvador, debió de ser propiedad real o tal vez perteneció a Cortés antes de concederse al Regidor Ruy González en 1550. En la primera mitad del siglo XVII y debido al crecimiento de la ciudad de México ya eran numerosos los molinos que estaban asentados en su perímetro, especialmente en el área de Chapultepec y Tacubaya.



Los molinos que poseyó don Ruy González, fueron comprados por don Alonso de Alcocer, tiempo después su familia gestiona un préstamo dando en garantía los “molinos y otras propiedades que poseía junto al bosque de Chapultepec.

Con este préstamo intentan hacer trabajar las tierras, sin embargo el arrendamiento de las tierras no fue la solución que aliviara los problemas económicos, las tierras fueron embargadas y posteriormente subastadas, fueron adquiridos por el Maestre de Campo don Antonio Urrutia de Vergara, uno de los hombres más acaudalados de su tiempo, por la suma de 91,500 pesos de oro común. A su muerte, se suscitaron diferentes litigios entre sus descendientes, debido a las muchas diferencias en ciertas cláusulas de la propiedad. Estas últimas circunstancias complicaron extremadamente las sucesiones. La propiedad queda en manos de esta familia aproximadamente 100 años.

El VI Conde de Santiago de Calimaya, se casó en 1732 con doña Ana Urrutia de Vergara, poseedora de los terrenos los Molinos del Rey y anexo. En otro documento se concreta los bienes dotales que habrían de entregarse al Conde de Santiago de Calimaya, es entonces donde por primera vez, en muchos años se mencionan los Molinos del Rey con pormenores de todo lo concerniente a esta propiedad.

Este matrimonio tuvo tres hijos: don Juan María, don José Mariano y doña Ana María Gutiérrez Altamirano de Velasco y Urrutia de Vergara, entre embargos y litigios las propiedades cambiaron de propietarios, entre la familia.

La familia Cervantes recibe los títulos y propiedades como dote el 29 de abril de 1784 por el matrimonio de doña Ana María Gutiérrez Altarmirano de Velasco con don Ignacio Leonel Gómez de Cervantes. Estas propiedades sufren transformaciones que dividen las extensas tierras que tuvieron como centro principal el Molino del Rey. Se ofrecen en arrendamiento por cuotas muy bajas al valor de las tierras.

Debido a las múltiples dificultades que sufrieron por los constantes pleitos e inherentes cambios de propietario, se llegó paulatinamente al abandono y consiguiente empobrecimiento de las tierras cultivables de las casas y los molinos. Esta propiedad que se había comprado tan cara se había convertido para esta época en un solar poblado de magueyes que apenas tenías vestigios de casas y construcciones que allí habían estado.



La Batalla del Molino del Rey


Época Independiente

En enero de 1917, al trasladarse al rancho de La Hormiga don Nicolás Martínez del Río y Pedemonte –en compañía de su esposa y su sobrino, con el fin de pasar allí unos días de descanso encontraron esta propiedad ocupada por fuerzas militares revolucionaras. La propiedad fue expropiada por el gobierno de don Venustiano Carranza.

El primer inquilino del rancho de La Hormiga después de su confiscación por el primer Jefe del Ejército Constitucionalista, fue el destacado militar y político chihuahuense general don Ignacio C. Enríquez Siqueiros. No duró demasiado tiempo esta primera expropiación de La Hormiga, ya que el 11 de enero de 1918 don Nicolás Martínez del Río y albacea de los bienes familiares, solicitó licencia de la autoridad judicial para enajenar este predio, lo que se le resolvió favorablemente.

El 7 de mayo de 1924, el presidente Álvaro Obregón autorizó a la Secretaría de hacienda la enajenación de los bienes nacionales que no estuvieran destinados a ningún fin público, con el objeto de apresurar la amortización de la “deuda flotante” para designar esos bienes y sacarlos a público remate. Así terminó un periodo de incertidumbres para la familia Martínez del Río, que por muchos años habitó esta esplendida residencia campestre de La Hormiga que tuvo por marco la tierra del milenario Bosque de Chapultepec.


José María Velasco (1840 - 1912)
El Valle de México desde las inmediaciones del Molino del Rey


Época Contemporánea

El Rancho de la Hormiga

El peculiar nombre de esta este rancho tiene dos posibles orígenes, que la llamara así por que entre las propiedades de Dr. Martínez del Río, era la más pequeña, y la otra es que hace mucho años hubo abundancia de hormigas grandes y rojas, de las llamadas arrieras, (porque acarrean todo lo que pueden en los arenales de esa zona). Entonces se le empezó a llamar “El Arenal de las Hormigas”, hasta quedarse simplemente con el nombre de La Hormiga.

Pocos cambios o modificaciones en efecto sufrió el famoso rancho después de la incautación, cuyo decreto expidió el presidente Venustiano Carranza el 23 de abril de 1917, en el cual “declaró la ocupación de la Hacienda de La Hormiga por causa de utilidad pública”, quizá por estar tan cercana al Castillo de Chapultepec, residencia de los presidentes de México, era necesario para el gobierno contar con una casa en dicha zona para habitación de su secretario de más confianza, y en ese tiempo la Secretaría de Guerra y Marina y después la Secretaría de Gobierno fueron los puestos de más confianza en el gabinete presidencial.


En las escrituras se hacía la relación de todo lo que existía dentro de ese predio: “una casa grade”, donde había vivido la familia Martínez del Río y después ocuparían los secretarios de Estado del Presidente Obregón, Calles, Pérez Treviño y Amaro. “La casa chica”, que estaba pegada a la Capilla y era la más antigua; “las caballerizas, las rancherías”, donde vivían los trabajadores; “la cochera”, los macheros, el estanque, el jardín, la arboleda y una espléndida dotación de setenta y siete y un décimo de paja de agua.

Siendo sus linderos por el norte: y el oriente el bosque de Chapultepec y la fundición Nacional; al sur: camino en medio, la colonia San Miguel Chapultepec y al poniente: la Calzada Nacional”.

Así termina una etapa importante de la historia de esta casa, la cual poco a poco se iría preparando para la nueva y total transformación que su siguiente morador le daría, con la cual cambiaría no sólo su nombre sino también su destino.


Época Lázaro Cárdenas del Río 1934-1940.

En el Castillo de Chapultepec, hasta entonces la sede de los anteriores presidentes de México, se habían reunido ahí el general Abelardo L. Rodríguez y el general Lázaro Cárdenas para dirigirse juntos al Estadio Nacional, ahora Auditorio Nacional, donde habría de tener lugar la ceremonia de cambio de Presidente. Después de haber tomado posesión, ya con la banda tricolor cruzada al pecho, el presidente Lázaro Cárdenas leyó su discurso.


Por disposición presidencial el día 20 de noviembre de 1940 se le dio carácter oficial al nuevo destino del histórico Castillo de Chapultepec, convertido formalmente en Museo de Historia, por el decreto emitido en la Ley Orgánica del INAH, del 3 de febrero de 1939 sobre Monumentos Históricos.
Para entonces el ya mencionado Castillo contaba diariamente con la visita de cientos de turistas nacionales y extranjeros que iban a admirar sus magníficos salones y sus extensas terrazas.

El presidente Cárdenas habitó la casa de estilo inglés, tipo chalet, del Rancho de la Hormiga. Esta casa lleva a hora su nombre.

El origen del nombre “Los Pinos” , que como todos sabemos ha pasado ya a la historia de México moderno, está ligada a la vida sentimental y familiar del matrimonio

 

 

 

Cárdenas-Solórzano, es un homenaje que el presidente Lázaro Cárdenas le brinda a su esposa Amalia pues se conocieron en una huerta llamada Los Pinos, cercana a Tacámbaro, Michoacán.

 

 

 

 

 

Época Moderna

Entre los cambios que propuso para el país, el presidente Cárdenas jamás imaginó que al elegir el Rancho de La Hormiga para vivir y ponerle el nombre “Los Pinos” establecía el lugar desde el que despacharían los futuros presidentes de la República.


La Casa Miguel Alemán fue construida por el presidente que lleva su nombre, quien sucedió a Manuel Ávila Camacho en 1946, en unas elecciones que a partir de ese momento y hasta 1996 fueron organizadas por el propio Ejecutivo Federal.

La casa tiene 5,700 metros cuadrados y se tardaron cinco años en construirla. Se hizo en tres niveles: en la parte superior, las habitaciones de la familia; en la planta baja, los salones oficiales de recepción y los despachos y salas de juntas del Presidente; en la planta subterránea, una pequeña sala de cine, salas de juegos y de fiestas.
Cuando el presidente Vicente Fox llega a vivir a la residencia Miguel Alemán en el año 2000, le pareció excesivamente espaciosa y lujosa, por lo que decide acondicionar para vivir unas pequeñas cabañas que Luis Echeverría había construido a un lado.

Cambia el uso de la casa Miguel Alemán, por lo que sus habitaciones, el gimnasio, el boliche y la discoteca, se transforman en más de 90 oficinas, en donde ahora trabajan funcionarios cercanos del Presidente. Con esto, el gobierno se ha ahorrado una importante cantidad de dinero que antes se pagaba para rentar edificios.

 

 



Fuente: MUÑOZ Altea Fernando; ESCOBOSA Hass de Rangel, Magdalena, La Historia de la residencia oficial de Los Pinos, México, D.F., 1988.