NUEVO LEÓN

NUEVO LEON

Tradiciones

- La Piñata -

Aquí en la casa haremos la primera posada del año. Los niños andan atareados de un lado a otro. Ya invitaron a todos los vecinos del barrio. Pusieron cordeles en el patio y colgaron papeles de colores. De lejos, parecen pañuelos secándose al sol.

También hicieron una piñata. Irene trajo una olla, algunos periódicos y engrudo. Oralia consiguió el papel de china. Entre todos lo rizaron y adornaron la olla. Después fueron por fruta y dulces al mercado que está cerca de la casa. Ahora está colgada con un alambre. No sabe lo que le espera. Cuando empiecen a darle de palos va a llorar dulces lágrimas de colación.

Mitos

- Las veinte cargas de maíz -

Hace muchos años un señor y su hijo fueron en busca de trabajo de Aramberri a Tamaulipas. Regresaron de allá con veinte burros cargados de maíz.

En el camino se les hizo de noche. Descargaron los burros, los sujetaron y amarraron las veinte cargas de maíz, todas juntas, a un tronco grande. Después, prendieron una lumbre para cenar y poco más tarde se acostaron más allá de donde habían dejado las cargas de maíz.

A la mañana siguiente, antes de que llegara la luz del día, se levantaron, almorzaron y se fueron a traer los burros para darles de comer.

En seguida buscaron las cargas de maíz para echárselas a los burros, pero no las encontraron. Sólo hallaron un rastro muy grande.

El señor y su hijo reunieron los burros y siguieron el rastro de las cargas. Después de varias horas de camino encontraron una víbora muy grande que llevaba todas las cargas de maíz. Entonces se dieron cuenta de que habían amarrado las cargas no a un tronco, sino a la víbora. Cuando el animal tuvo hambre, en la noche, se fue a buscar comida y se llevó arrastrando las veinte cargas de maíz.

Cuenta la leyenda que el rastro que dejó la víbora con las cargas de maíz es actualmente el camino que va de Aramberri a la Boquilla.

Cuentos

- El hombre que no quería trabajar -

Había una vez, en un rancho, un hombre llamado Chanito. Era un hombre flojo, flojísimo, y no quería trabajar. Los señores lo mantenían de gorra porque no hacía absolutamente nada. Un día de tantos, de plano se fastidiaron de mantenerlo y le dijeron:

-Chanito, ya no podemos seguir dándote tortilla. ¡Ponte a trabajar!

-No, trabajar no - contestó Chanito-. Mejor entiérrenme vivo.

Le tomaron la palabra. Lo metieron en un cajón y se lo llevaron para el panteón. En el camino se encontraron a un señor que venía de la labor y traía un burro con dos colotes de mazorcas.

-¿Pa' ónde van? -les preguntó.

-Pos vamos pal pantión, a enterrar a Chanito.

-¡Qué ya se murió? -dijo el hombre sorprendido.

-No, hombre. Lo vamos a enterrar vivo porque no quiere trabajar y es muy flojo.

-¡Chanito! -gritó el hombre que venía de la labor.

-¡Qué, hombre! ¡Aquí voy! -contestó Chanito.

-Pero, Chanito, ¿cómo que te van a enterrar vivo? Mira, hombre, aquí llevo un maíz. Tú dirás, te lo regalo pa que te alivianes unos cuantos días y puedas comer, pero que no te entierren vivo.

- ¿Y 'ta desgranao?- preguntó Chanito.

- ¡No! Pos´ta en la mazorca.

- ¡Ah, no! Entonces que siga mi entierro.

Fuente: CONAFE, Cuéntanos lo que se cuenta, México, 1996.