PUEBLA

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Tradiciones

- Los dulces poblanos -

México es un país que tiene una gran tradición dulcera, cada uno de sus estados destaca en uno o varios de los muchos dulces que hay. En Puebla se produce una gran variedad, los dulces poblanos fueron y han sido tan aceptados, que durante la Colonia se construyó un edificio imitando en sus adornos a los alfeñiques (dulces de pasta de azúcar con aceite de almendra, de aquí que a este edificio se le llamara "la Casa del Alfeñique".

La dulcería poblana se ha distinguido por sus polvorones, alfajores en figurillas (pasta de maíz molido con panela y canela), pepitorias, obleas con miel, pepitas de calabaza, buñuelos, suspiros de monja, muñecos de almendra, soletas, cubiletes, borrachos, gaznates, tortas de piñón, frutos de cristal, natillas, jamoncillos de pepita de melón, turrón de cacahuate, alfeñique, macarrón, tortitas del cielo, y demás, pero sin lugar a duda, el dulce más conocido es el camote.

Existen dos versiones sobre la historia del camote: La primera cuenta que en un poblado, cerca de la ciudad de Puebla, había un convento de monjas dedicadas a la enseñanza para niños. Cierto día, uno de los pequeños decidió hacerle una broma a una monja que tenía una olla al fuego; cogió un camote, lo echó a la olla, lo revolvió con azúcar y lo batió para que se formara una masa que fuera difícil de quitar a la hora de lavarla. Al poco rato llegó la monja, probó la revoltura y le gustó. De esta forma se hizo el dulce de camote. La otra versión cuenta que de Oaxtepec, Mor., llegó una muchacha llamada María Guadalupe, con el fin de ordenarse en el convento de Santa Clara de Jesús. Cierto día, pensó enviarle un regalo a su padre, fue a la huerta del convento, recogió algunos camotes y los coció. Los revolvió con azúcar, raspadura de limón e hirvió todo hasta formar una masa. La retiró de la lumbre, esperó a que se enfriara e hizo con ella dos cilindros de dos centímetros de diámetro por 15 de largo. Esperó a que se secaran, los envolvió con papel y los envió a su padre, iniciándose así una gran tradición.

En Puebla existe la llamada calle de los dulces en pleno centro histórico, en donde se localizan diversas tiendas que ofrecen al público toda la variedad de dulces típicos del estado y en donde es posible también, comprar cualquier tipo de artesanías de la región, desde barro hasta la tradicional talavera.

Mitos

- La cración del ser humano -

Una vez que hubo creado los cielos y la tierra, Ometecuhtli ya no quiso ser dios y diosa a la vez y él mismo se partió en dos: el dios masculino, llamado Tonacatecuhtli, y el femenino, que se llamó Tonacacíhuatl. Tonacatecuhtli significa el "Señor de la vida" y Tonacacíhuatl quiere decir "Señora de la vida".

Tuvieron cuatro hijos, que fueron grandes dioses. Sus nombres eran los siguientes: Tezacatlipoca el Negro, Tezacatlipoca el Rojo, Quetzalcóatl y Huitzilopochtli.

Los nuevos dioses vivieron mucho tiempo en los cielos sin hacer nada, pero un día se reunieron y acordaron crear al hombre y nuevas cosas.

De todo lo que hicieron, lo más importante fue la creación de la mujer y del hombre. El primer hombre se llamó Cipactonal. Al ser creado, recibió la misión de cultivar la tierra. La primera mujer se llamó Oxomoco y fue dada por esposa a Cipactonal, con el deber de cuidar la casa, hilar y tejer.

Cipactonal y Oxomoco tuvieron un hijo que se casó con la hija de una diosa, y de ese matrimonio se inició todo el género humano.

Cuentos

- La milpa de Don Ricardo -

Don Ricardo es un campesino muy trabajador, él y su familia viven felices en el campo, su pueblo se llama Ometepetl. Una mañana de abril se levantó cuando todavía no salía el sol, se tomó un atole caliente y se dispuso para ir al campo a preparar su terreno para la siembra.

Don Ricardo le había pedido ayuda a su compadre don Primitivo y a sus primos Tereso, Cirilo y Jesús. Cuando salió de su casa ya lo estaban esperando, se fueron caminando hacia la milpa mientras amanecía.

Lo primero que hicieron fue cortar los árboles y quitar la maleza con sus machetes y hachas, este trabajo les tomó dos días completos. Al tercer día ya estaba listo el terreno para prenderle fuego. ¡Que bonito se veía y tronaba el campo quemándose por todas partes!

Los días que siguieron don Ricardo, don Primitivo y sus hijos continuaron con la preparación de la tierra. La barbecharon picándola lo más que pudieron, pero la tierra aún estaba muy dura por lo que sólo la removieron un poco en espera de que las primeras lluvias la ablandaran.

A fines de mayo cayeron las primeras lluvias. La familia de don Ricardo miraba con felicidad caer el agua desde la ventana de su casa. Después de la lluvia dejaron reposar una semana la tierra para acabarla de barbechar.

Ya que el terreno estuvo listo esperaron que el cielo dijera que pronto iba a llover y que estuviera recia para iniciar la siembra. En la siembra ayudaron niños y mujeres, cada uno tenía un palo llamado "chuso" con el que hacían un hoyito en el suelo y dejaban caer en él, de tres a cuatro granitos de maíz.

Como es la costumbre al terminar de sembrar, don Ricardo invitó a todos los que habían ayudado en la faena a comer un riquísimo mole preparado por su esposa, doña Ana. Comieron con gusto y bebieron pulque deseando que fuera un buen año para la cosecha.

Por cosas del maíz, algunos granos no se deciden a brotar, hay que regresar a los veinte días y resembrar otras semillas donde no hayan salido las pequeñas plantitas. Esta tarea la hicieron solamente don Ricardo y su hijo, pues les gustaba platicar y aconsejar a los maicitos, lo que según ellos les daba muy buenos resultados.

La milpa se veía verde y fuerte. El maíz ya estaba un poco grandecito pero había muchas hierbas que lo molestaban. Era urgente deshierbar el terreno. Don Primitivo y sus hijos ayudaron y en dos días toda la mala hierba había sido arrancada.

Otra cosa urgente era abonar la milpa. Consiguieron mucho abono de vaca y haciendo un círculo alrededor de cada planta se lo echaron. Sólo asi la tierra tiene fuerza para hacerlas crecer sanas para que el maíz fuera grande y dulce.

Pasaron seis meses de buenas lluvias. La gente estaba feliz porque las mazorcas eran grandes y ya estaban secas. Todos los niños, las mujeres y los hombres ayudaron a cosechar, juntaron una gran montaña de mazorcas y después con ayuda de varias mulas las llevaron a su casa.

Cuando acabaron de transportarlas hicieron tres montones, uno lo usarían para alimentar a los animales, otro para sembrar la siguiente temporada y el último para preparar tortillas, tamales, atole y otros alimentos. Los niños y las niñas hicieron bien este trabajo además de que se divirtieron jugando entre el maíz.

Ya que las mazorcas estuvieron bien seleccionadas les quitaron las hojas, esta labor cuesta trabajo por lo que utilizaron un fierro puntiagudo llamado "pichcon", para pelarlas. Las hojas secas las guardaron para después hacer unos ricos tamales.

Una vez peladas las mazorcas, las guardaron en un tapanco arriba de la casa. En este lugar quedan bien almacenadas, secas y protegidas de los animales. A lo largo de todo el año irán tomando de ahí el maíz que vayan necesitando.

Como fue una buena cosecha, don Ricardo hizo una fiesta para dar las gracias. Invitó a sus compadres, familiares y amigos, hubo mucha comida, música y baile además de unas ricas tortillas hechas con maíz tierno.


Don Ricardo y su familia sentían algo muy especial, estaban felices al saber que esa buena cosecha les daría un año de tranquilidad y alegría. Pronto iniciarían nuevamente la siembra de su milpa.


Fuente: INI, La Milpa de don Ricardo. Relato de niños nahuas, México, 1993.