SINALOA

SINALOA

Tradiciones

- El Ulama -

El Ulama, de ullamaliztli, es un juego de orígen prehispánico muy popular entre los mayos sinaloenses. Por su gran vitalidad, este juego sorprendió a los conquistadores españoles y a los jesuitas, estos últimos alentaron su práctica por su originalidad y por las raíces tan profundas que esta forma de divertirse tenía entre los indígenas sinaloenses.

Se juega con el antebrazo con una pelota de hule macizo de unos 500 gramos. La cancha se llama taste y tiene 100 metros de largo por tan sólo 1.40 metros de ancho; no hay red, sólo el analco, que es una línea divisoria. Sobre el analco se coloca el vedor, o árbitro que marca las infracciones al juego. Se juega por parejas o en forma individual. El antebrazo se protege con una venda de algodón o faja de 3 metros de extensión por 3 centímetros de ancho. Algunos se ponen rodilleras, como los porteros en el futbol. Si se juega por tríos, al primer jugador se le llama topador, al segundo golpe y al tercero chivero. Al saque se le llama male.

El juego adquiere su mayor espectacularidad cuando hay que devolver una pelota rasante que obliga al jugador a lanzarse en clavado apoyándose en la mano izquierda y regresando al campo enemigo la pelota con el antebrazo derecho. Si el male, o saque, es defectuoso por caer en el área de analco, se le llama guala y se repite.

Este deporte es el juego favorito de los mayos de Mocorito, Sinaloa, Guasave, Angostura, Salvador Alvarado y Ahome. En el sur, en Concordia, Mazatlán y El Rosario, se juega con la cadera y no con el antebrazo, no obstante el peligro que entraña para riñones y otras partes internas vitales del jugador.

Mitos

- La creación de la tierra y el agua -

Al principio todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio. Todo inmóvil, callado y vacía la extensión del cielo. No había todavía un solo hombre, ni un animal, pájaros, peces, cangrejos, árboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas, ni bosques. Sólo el cielo existía.

No se manifestaba la faz de la tierra. Sólo estaba el mar en calma y el cielo en toda su extensión.

Entonces dispusieron la creación y crecimiento de los árboles y los bejucos. Y el nacimiento de la vida y la creación del hombre. Se dispuso así en las tinieblas y en la noche por el Corazón del Cielo, que se llamaba Huracán.

-¡Hágase así! ¡Que se llene el vacío! ¡Que esta agua se retire! ¡Que surja la tierra y que se afirme! ¡Que aclare, que amanezca en el cielo y en la tierra! ¡No habrá gloria ni grandeza en nuestra creación y formación hasta que exista la criatura humana, el hombre formado! -Así dijeron los dioses.

Luego la tierra fue creada por ellos.

-¡Tierra! -dijeron, y al instante fue hecha.

Como la neblina, como la nube y como una polvareda fue la creación, cuando surgieron del agua las montañas, y al instante crecieron. Solamente por un prodigio, sólo por arte mágico se realizó la formación de las montañas y los valles, y al instante brotaron juntos los cipresales y pinares en la superficie.

Primero se formaron la tierra, las montañas y los valles; se dividieron las corrientes de agua, los arroyos se fueron corriendo libremente entre los cerros y las aguas quedaron separadas cuando aparecieron las altas montañas. Así fue la creación de la tierra cuando el cielo estaba en suspenso y la tierra se hallaba sumergida dentro del agua.

Cuentos

- El burro con zancos -

Cuando Culiacán era un pueblo, algunos de sus habitantes se ocupaban de cortar árboles y venderlos como leña. Esta actividad no les daba dinero suficiente y pocos poseían animales de carga, por eso, tenían que llevar la madera sobre sus hombros para ofrecerla de casa en casa.

Cansado de que los leños le hicieran raspones sobre la espalda, Francisco -el más alto de los leñadores - decidió comprar un burro. Después de muchos sacrificios y recorrer varios pueblos sin encontrar un animal adecuado, el leñador compró un burro que parecía ser muy fuerte, aunque era bien chaparrito.

Desde la primera vez que Francisco montó el animal, se dio cuenta de que, aunque él llevara las piernas dobladas, sus rodillas tocaban el suelo.

Varios días el leñador estuvo piense y piense en alguna solución a este problema; finalmente tuvo una gran idea: iría hasta el río para cortar un sauce, con el tronco fabricaría cuatro zancos para su burro, así podría montarlo sin ningún problema.

Una vez que Francisco colocó los zancos en las patas del animal, salió a pasear por la plaza del pueblo y ésa fue la primera vez que se oyó el clop, clop que el burro producía al caminar. Poco a poco todos se acostumbraron al sonido de los zancos y al cabo de algún tiempo sólo a los visitantes le llamaba la atención.

El galope del burro se oía desde la madrugada hasta el atardecer, del pueblo al bosque y de allí a las calles de los poblados vecinos; de pronto el ruido cesó y nadie pudo encontrar al burro de Francisco.

Pasó mucho tiempo sin que se encontraran rastros del animal. Francisco casi había olvidado que tuvo un burro con zancos cuando una tarde se dirigió al río para calmar su sed.

Al llegar allí se sorprendió porque había varios sauces nuevos y sobre todo por el extraño movimiento que hacían sus ramas. Pero lo más asombroso fue escuchar un rebuzno y ver en lo alto, por encima de los árboles, el rostro alegre de su burro.

Tratando de explicarse lo ocurrido, Francisco llegó a la conclusión de que al beber agua el animal, se había quedado atascado en el lodo durante tanto tiempo que los zancos echaron raíces y crecieron hasta convertirse en cuatro sauces con el burrito arriba de ellos.