TABASCO

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Tradiciones

- Danza del baila viejo -

La danza del "Baila Viejo" es el baile más antiguo del estado de Tabasco y forma parte de las ceremonias religiosas en algunas de las comunidades chontales, como las fiestas en honor de los santos patronos del lugar. Esta danza era interpretada desde antes de que llegaran los españoles -recuerda que las culturas mesoamericanas tenían gran respeto por los ancianos, pensaban que ellos tenían contacto con los dioses y podían conseguir sus favores para el bien de la comunidad.

Los bailarines, pueden ser dos o cuatro, portan una máscara con rasgos de anciano o anciana, talladas en madera de cedro con largas cabelleras blancas, como canas. El vestuario es muy sencillo, antes se usaba un pantalón azul con una lista roja desde la cadera hasta el tobillo, pero actualmente se viste la ropa normal de diario y se complementa con paliacates para la cabeza, las muñecas, el cuello y las caderas, se baila descalzo. En la mano derecha se lleva una sonaja pequeña y en la izquierda un abanico de palma de forma circular, ambos se agitan al bailar llevando el ritmo.

Para ejecutar esta danza, los bailarines levantan los pies a intervalos golpeando con fuerza el suelo que pisan, lanzando gritos de alegría. Es importante señalar que Baila Viejo es parte del ritual de acción de gracias: por las buenas cosechas o la crianza de animales doméstico. En ocasiones se baila para combatir plagas o epidemias. Antiguamente este baile se interpretaba en todos los pueblos chontales, ahora son muy pocas las comunidades donde se presenta. En Tucta se baila en honor del señor Santiago Apóstol, patrono del pueblo, el 25 de julio; y en Guaytalpa para celebrar el nacimiento de Jesucristo el 25 de diciembre.

Mitos

- Cuca -

Nadie recuerda la fecha en que Cuca llegó al rancho montada en una mula. Lo único que se cuenta es que aquel día no paró de llover y el río creció como nunca hasta desbordarse, inundando varias casas.

Poco después de su llegada, Cuca construyó un jacal junto al río y pronto se hizo famosa porque sus remedios curaban todas las enfermedades, además de predecir el futuro y preparar polvos para prevenir maleficios o atraer amores. Todo mundo la trataba con respeto por el miedo que le tenían pues esa mujer conocía también otro tipo de hechicería, y a quienes no la consultaban o le negaban un favor, les pasaban cosas muy raras: se les agriaban los frijoles, la leche se cortaba o enfermaban y no se aliviaban hasta que acudían a verla.

Meses después de su llegada, mucha gente se alejó de la hechicera por temor. Y fue cuando Cuca tomó su mula y dejó el rancho. Al principio todos se alegraron, pero unos días después regresó acompañada por una muchacha y un niño que presentó como sus sobrinos.

A partir de ese momento las gallinas y el ganado dejaron de estar seguros, parecía que había llegado una plaga de coyotes.

Cada vez con mayor frecuencia desaparecían becerros y terneras, lo que obligó a los rancheros a hacer guardias nocturnas para vigilar el ganado.

Pasaron varias noches sin que se encontraran rastros de algún animal, hasta que una noche de luna llena, Simón, uno de los rancheros, disparó sobre un enorme coyote. No lo pudo matar, pero una bala se enterró en una de las patas traseras del animal.

Al día siguiente Cuca tomó sus cosas y abandonó el rancho junto con sus sobrinos. Todos los habitantes del lugar se reunieron para comentar su partida, pues antes de irse muy enojada había dicho que se iba y no regresaría, pues en ese lugar no se podía estar seguro, que esa mañana cuando fue al río a lavar, una bala perdida la hirió en una pierna.

Por la tarde, cuando llegó Simón y les contó cómo le había disparado a un coyote, nadie dijo nada pero todos pensaron en Cuca; ahora cuando alguien habla de ella la llaman Cuca Coyota.

Cuentos

- Un mundo de sombras -

La noche estaba tranquila, la luna iluminaba los árboles haciéndolos parecer fantasmas. De pronto, retumbó un trueno que despertó a Tolín, el menor de los hijos de Damiana.

-Mamá, mamá -llamó el niño, pero no recibió respuesta. Al parecer nadie más había oído el trueno.

Tolín se sentó frente a la pared, levantó una mano y con la luz de la luna, hizo la sombra de un gallo, luego cambió por la de un perro, un conejo orejudo y una paloma que aleteó en el mismo sitio.

Después, dejó caer las manos sobre sus rodillas, pero la sombra de la paloma no se movió, se quedó ahí sobre la pared, moviendo las alas hasta que voló al techo y desapareció en el rincón más oscuro.

Tolín volteó buscando quién había hecho la sombra de la paloma.

En la ventana cinco duendes movían velozmente las manos, como si tejieran hilos invisibles. En sus ojos grandes y negros brillaban pequeños rayos de luz plateada y en los labios tenían una sonrisa.

Tolín no supo cuánto tiempo pasó antes de voltear nuevamente a la pared, pero cuando lo hizo vio que allí estaban las sombras de muchos animales. Había zorros, patos, leones y otros que no conocía. Figuras que se unían y separaban en una danza que le hacía sentir mucho sueño.

Cuando amaneció Damiana se sorprendió al encontrar a su hijo en una de las esquinas de la habitación, pero su sorpresa fue aún mayor cuando al despertarlo, una paloma negra como una sombra salió volando por la ventana.



Fuente: CONAFE, ¡Que me siga la tambora!, México, 1996.