TLAXCALA

TLAXCALA

Tradiciones

- El concurso de los papalotes
en San Francisco Tepeyanco -

San Francisco Tepeyanco es una población situada al sur del estado a escasos 10 kilómetros de la ciudad de Tlaxcala. En esta población, desde hace varios años, el día 22 de enero se lleva a cabo un concurso de vuelo de papalotes en honor de San Sebastián. Los habitantes del lado sur de la comunidad lo realizan en el cerro del Calvario y a los 8 días, los del lado norte lo celebran en el cerro del Zompintecatl.

Para realizar esta celebración, se nombran a los integrantes de la "mayordomía de los papalotes", que se organizan de la siguiente manera: un presidente, el Secretario y el Tesorero. Ellos tienen que cumplir con diferentes comisiones como la de reunir a los vocales y presentarles el presupuesto de los gastos necesarios para el festejo, promover e invitar a todo el pueblo a participar en los concursos y comprar los trofeos.

La comisión de los vocales están encargados de preparar la comida para los visitantes y participantes del concurso (enchiladas de mole, tacos dorados, tortas y memelitas). También se encargan de llevar al lugar del concurso aguas de frutas naturales y pulque.

El concurso da inicio a las 3 de la tarde y concluye a las 7 de la noche. En él participan tanto adultos como niños, hombres y mujeres. El jurado calificador es integrado por los mayordomos y califican al papalote más bonito, al que vuele más alto y al que llegue más lejos.

Se otorgan 3 premios: primero, segundo y tercer lugar y tres premios de consolación que constan de cajas de galletas o chocolates.

Los Papalotes se elaboran con varas de carrizo o de polocote, arbusto parecido a la jarilla, resistente y ligero; papel de china y de estraza de diversos colores, y se pegan con engrudo (pegamento hecho a partir de harina).

Los nombres que reciben los papalotes son de acuerdo a su forma y al material que se utiliza para construirlos: aviones, estrellas, rombos y cubos, "de a cuatro" (porque en su elaboración se utilizan 4 pliegos de papel china), "21" (por que su estructura está formada por 21 varillas de carrizo), y demás; a otros se les nombra zopilotes, murciélagos y palomas, por su semejanza con esos animales; estos a diferencia de los primeros se hacen con telas, según el color del animal.

El día del concurso, después de la entrega de los premios, se nombran a los nuevos mayordomos y con esto concluye la fiesta de los papalotes.


Mitos


- Los nahuales -

Un día por la tarde, mi tío Luis me contó historias de nahuales, que son personas que se convierten en animales, como cochinos, burros, gallinas, para poderse llevar otros animales.

Me contó que un día iba un señor por el camino a dejar su leña cuando se encontró un burro que iba cargando un cochino, y le dijo a su compañero:

-Mira, mano, ese burrito me lo voy a llevar.

Pero cuando se acercaron al animal, vieron que no tenía cola y que el cochino no estaba amarrado sino atravesado nada más. El señor le dio tres latigazos y el burro empezó a hablar:

-No, ya no me pegues. Si dejas de pegarme, no te haré nada.

-¡Ah, entonces eres un nahual! -dijo el señor-. Bueno, está bien.

Y el nahual contestó:

-Los espero al rato, cuando regresen de dejar la leña.

Los señores volvieron con el nahual, quien les dio de comer carnitas y chicharrón. A cada quien le regaló una pierna de marrano, con la que se fueron muy contentos a su casa.

También me contó mi tío que, una noche, iba pasando un abuelo frente a una casa que le quedaba de paso a la suya, cuando vio salir un perro como de metro treinta de altura. Del susto se le pararon los pelos de punta.

Se quedó tan asustado por el perrote que ya no se pudo mover y se quedó engarrotado un largo rato. Cuando se tranquilizó, se fue a su casa y le contó a su familia todo lo sucedido.

Al día siguiente, salió de madrugada al trabajo, porque era obrero. De regreso, vio de nuevo al perro, que iba arriando un burro cargado de costales de maíz, era tanto que hasta el burro se doblaba. El abuelo quedó tan sorprendido que no podía creer lo que veía. Pasaron los días sin novedad. Todo estaba tranquilo.

Como el abuelo estaba temeroso de volver a encontrarse con el perrote, siempre traía un fierro para defenderse. Al tercer día, regresó como siempre de su trabajo y ¡que se va encontrando al perro en su casa! Para colmo, estaba llevándose a su burro cargado de maíz. Sin pensarlo mucho, le metió al perro una tunda y el perro habló:

-¡Ya no me pegues!

De un machetazo tiró al abuelo, quien al día siguiente se enteró de que el perro era el nahual de su compadre, y se dijo:

-Mi compadre es un nahual y le metí una tunda, sin saber que era mi compadre.

El abuelo aquel duró mucho tiempo enfermo hasta que murió.

Cuentos

- El conejo -

Había una vez un viejito y una viejita que tenían un huerto donde sembraban lechugas, rábanos, zanahorias, tomates, nabos: pero llegaba un conejo, se los comía y dejaba a los viejitos sin comer.

Varias veces le habían puesto trampas, pero el conejo era demasiado listo y se burlaba de ellas. Los viejitos ya no sabían qué hacer, hasta que una comadrita les dijo:

-Pongan un muñeco de cera en el lugar por donde entra.

Así lo hicieron. Cuando entró el conejo se topó con el muñeco de cera y le dijo:

-Quítate de mi camino porque te voy a golpear.

El muñeco no le hizo caso. El conejo le dijo lo mismo varias veces y ¡que le da una trompada! ¡Y que se le pega su brazo a la cara! Y dice el conejo:

-Suéltame porque te voy a dar otra trompada.

Así le dijo varias veces y el muñeco no contestaba. ¡Y que le da otra trompada! ¡Y que se le pega el otro brazo! Y vuelve a decir:

-Suéltame porque te voy a patear.

Pero el muñeco no contestaba porque los muñecos no hablan. ¡Y que le da la patada! ¡Y que se le pega la pata!

Al otro día, el viejito fue al huerto a ver si había caído el conejo en la trampa. Lo agarró y lo metió debajo de chiquihuite, mientras la viejita molía todos los ingredientes para hacer el adobo. Cuando ya casi estaba todo listo, fue el viejito a sacar al conejo, pero ¡nada! Se había escapado.

-¡Ya no hagas el adobo, viejita! -gritó el viejito-, el conejo ha desaparecido por arte de magia.

Recopilador: Alfonso Cahuantzi Piedras