VERACRUZ

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Tradiciones

- La boda totonaca -

Una de las costumbres que aún persisten en nuestros días es la boda totonaca. Cuando los jóvenes (ambos sexos) cumplen 14 o 15 años de edad, los viejos dicen que ya están buenos para el casorio o en otras palabras, que ya huelen a mofa...

Llegado el momento, le toca al novio comprarle la ropa y el atuendo a la novia, quien será vestida y arreglada por su madrina de bautismo, lo mismo sucede con el muchacho con su respectiva madrina.

Todos se reúnen en la casa de la novia, de donde saldrán rumbo a la iglesia. De aquí, se encaminan hacia la casa del novio, encabezando el contingente un trío de huapangueros, tocando un son especial y tradicional para este caso, seguidos de éstos, viene una viejecita rezandera con su incensario humeante y detrás de ella caminan los novios con sus respectivos padres.

Cuando llegan a la casa, los esposos son conducidos hasta donde se halla el altar y son colocados de rodillas mientras reciben las bendiciones de sus padres; pasado esto, allí permaneceren sentados, mientras los acompañantes bailan alrededor de la mesa, donde será servida la comida, al compás de doce sones especiales llamados en totonaco xalaktzú.

Mitos

- Leyenda del maíz -

La historia que vas a leer habla del maíz y nos recuerda que es necesario el trabajo de los hombres para cultivarlo.

Nos la contó en Chalma, Veracruz, un abuelo que tiene más de ochenta años andando entre milpas.

Dicen que antes, hace muchísimos años, los cazadores tenían que pedirle permiso a su jefe para matar cualquier animal.

También se dice que una vez, unos hombres fueron a cazar al campo y se encontraron con unas aves que ellos nunca habían visto, ni los toltecas las habían visto, ni los chichimecas, ni
los zapotecas, ni los aztecas, ni los mayas.

Eran unas aves completamente desconocidas. Antes de intentar flecharlas, fueron a ver al jefe.

-Señor -le dijeron-, acabamos de ver una aves muy raras que no son de aquí. ¿Las matamos?

-No, déjenlas -dijo el jefe. Yo quiero conocerlas.

Y se fue a conocer aquellas aves.
Entonces dijo:
-Esas aves vienen del paraíso, de un lugar grande, y nos traen alguna semilla.

Las aves estaban paradas, quietas. Pero de repente empezaron a vomitar. Vomitaron el maicito, el prieto y el amarillo. Luego los hombres cogieron aquella semilla y la sembraron con mucho cuidado, porque "un grano no se siembra cuatro veces". A la primera tiene que crecer bonito.

Cuando las matas empezaron a florecer y a dar elotes, los hombres se pusieron muy contentos. Pero después comenzaron a marchitarse, a secarse, y ellos no sabían qué hacer. Entonces las abonaron y las cuidaron para ver si volvían a espigar. Y nada.

Total, que se secaron las cañas y las matas cayeron al suelo, y los hombres casi lloraban porque no sabían qué significaba aquello.

Entonces agarraron una mazorca, la pelaron y vieron los granos, igualitos a los que ellos habían sembrado.

Y desde entonces, los hombres tuvieron el maíz.

Cuentos

- Las aventuras del tío conejo -

Un día el conejo se encontró un grano de maíz y lo fue a sembrar en un terreno ajeno. Días después llegó el dueño del terreno y le preguntó al conejo:

-¿De quién es ese maíz?

El conejo respondió:

-Este maíz es mío.

Entonces el señor dijo:

-Si quieres que yo te entregue tu maíz, me tienes que traer el colmillo del tigre, el colmillo del lagarto y una pluma de la garza.

Desde ese momento el conejo se puso a pensar cómo le iba a hacer para conseguir todas esas cosas. Entonces se le ocurrió una idea, se preparó y se fue a una montaña.

Al primero que encontró fue al tigre y le habló.

El tigre le preguntó:

-¿Qué quieres?

El conejo le dijo al tigre:

-Ya se está perdiendo el mundo, si quieres yo te ayudo porque me mandaron a avisar esto a todos los animales.

El tigre le respondió asustado:

-¿Y ahora qué hago?

El conejo le dijo:

-Voy a atarte las patas, y cuando yo te diga que cierres los ojos, tienes que cerrarlos, pero bien fuerte. Entonces el tigre aceptó que le ataran las patas; después el conejo le dijo repetidas veces al tigre:

-Cierra los ojos, cierra los ojos.

Entonces el tigre, muy confiado en lo que había dicho, cerró los ojos, porque pensó que realmente se estaba perdiendo el mundo, cuando sintió un fuerte golpe que le arrancó un colmillo.

El conejo, al ver que le había tumbado el colmillo, lo recogió y salió huyendo. Mientras tanto, el tigre estaba atado de las patas y tratando de desatarse.

Otro día, cerca de allí, el conejo lograba su segundo propósito visitando al lagarto. Al llegar a la orilla del lago le gritó y el lagarto le contestó:

-¿Qué quieres?

Y el conejo le dijo:

-Es que vengo a avisarte que ya se está perdiendo el mundo.

El lagarto le preguntó:

-¿Quién te mandó?

El conejo le dijo:

-Vengo desde lejos; me dijeron que yo le avisara a todos los animales que ya se está perdiendo el mundo.

Entonces el lagarto le dijo:

¿Y qué quieres que haga?

Entonces el conejo le dijo:

-Necesito subir a tu espalda para que yo pueda avisarte a qué hora se va a perder el mundo.

Al estar arriba de su espalda le dijo:

-Abre la boca, abre la boca, porque ya se está perdiendo el mundo. En el momento de abrir la boca sintió que un fuerte golpe le arrancaba un colmillo; el conejo dio un salto y logró recoger el colmillo.

Después fue y más adelante se encontró a la garza; entonces el conejo le dijo:

-¡Hey, tía garza!

La garza le respondió:

-¿Qué quieres?

-El conejo le dijo:

-Es que vine a avisarte que ya se está perdiendo el mundo. Y la garza, asustada le dijo:

-¿Y cómo?

Entonces el conejo le explicó:

-Nada más necesitas seguir mis instrucciones para que te puedas salvar. Cuando yo te diga que cierres los ojos tienes que cerrarlos bien fuerte.

-Está bien -dijo la garza. Y cuando llegó el momento de las instrucciones el conejo, éste le dijo a la garza:

-¡Cierra los ojos, cierra los ojos, porque ya empezó a perderse el mundo!

Entonces la garza, obedeciendo, cerró los ojos y en ese momento el conejo prendió fuego a la zacatera que empezó a tronetear por el calor del fuego; el conejo le decía a la garza:

-¡Cierra los ojos porque ya seestá perdiendo el mundo! Y la garza, escuchando el troneteo de la zacatera que estaba quemando, pensó que en realidad se estaba perdiendo el mundo y cerró los ojos.

El conejo aprovechó el momento, dio un salto y le arrancó una pluma a la garza. Después de haber logrado su propósito salió huyendo.

Entonces la garza se dio cuenta de la trampa que el conejo le hizo y, sin pensarlo más, emprendió la persecución; pero no pudo darle alcance porque el conejo era más veloz que ella.

El conejo fue a entregar el encargo que le hicieron, y, luego que llegó ante el señor, le dijo:

-Aquí está lo que me pediste.

-Está bien -dijo el señor-. Ahí tienes tu maíz y llévatelo. Entonces agarró y pizcó su maíz; después lo metió en la bolsa que llevaba y se fue.

No lejos de ahí, el tigre lo andaba buscando; a poco caminar se encontró al lagarto y le dijo:

-¿Qué andas buscando, tío lagarto? El lagarto le dijo:

-Ando buscando al conejo porque me arrancó un colmillo. Y el tigre le respondió:

-Pues yo también lo ando buscando, porque eso mismo me hizo a mí. Entonces se juntaron los dos y se fueron por un camino, cuando más adelante se encontraron a la garza y le preguntaron:

-¿Qué andas buscando, tía garza?

-Ando buscando al conejo porque me arrancó una pluma. Dijeron los dos:

-¡Ah, bueno! Vámos, porque nosotros también lo andamos buscando. Entonces, ya reunidos los tres, se fueron a buscar al conejo; lo andaban buscando cuando de pronto lo vieron venir con sus bolsas de maíz y uno de ellos dijo:

-¡Allá viene; ahora sí es nuestro, ahora no tiene a dónde ir! ¡Vamos a detenerlo! El conejo se dio cuenta de que ahí venían y se metió en el zacatal. Los demás se metieron a buscarlo también y, al empezar la búsqueda, se dieron cuenta de que no tenían con qué cortar la zacatera; entonces se quedó el tigre a cuidarlo para que no volviera a escapar. Mientras tanto, el lagarto y la garza se fueron a conseguir un machete y regresaron donde estaba el tigre, pero cundo llegaron, ya el conejo se había escapado otra vez y empezaron nuevamente la persecución, pero fue inútil, porque tampoco pudieron darle alcance. Luego trazaron un plan y siguieron buscándolo; más adelante le dieron alcance nuevamente, pero el conejo era muy astuto y se dio cuenta de que lo venían siguiendo. Entonces decidió meterse en una cueva; pero los tres que lo venían siguiendo lo vieron entrar y dijeron:

-Ahora sí es nuestro. Sólo que no traemos nada con qué sacarlo de ahí. Entonces le dijeron al lagarto que se quedara porque el turno era para él. El lagarto aceptó y se quedó.

Mientras, el tigre y la garza se fueron a conseguir una pala; después que la consiguieron y llegaron donde estaba el lagarto, el conejo ya se había escapado nuevamente. Entonces dijeron:

-Vamos a dejar esto para no andarlo cargando.

Se fueron a buscarlo nuevamente hasta que volvieron a darle alcance. Entonces el conejo vio que venían muy cerca los tres y se puso a hacer una cueva en la arena. Después que hizo la cueva se metió en ella y los tres perseguidores, que lo vieron meterse, llegaron hasta la cueva que el conejo había hecho y, cuando estuvieron cerca, le dijeron a la garza:

-A ti te toca cuidar, porque nosotros ya lo cuidamos las otras ocasiones.

-Está bien -dijo la garza. Entonces el lagarto y el tigre regresaron a buscar la pala donde la habían dejado la otra ocasión.

Mientras tanto, el conejo decía a la garza:

-¿Sabes una cosa, tía garza? Yo me voy a ir de aquí; abre bien los ojos porque yo me voy a ir de aquí. Y la garza escuchó esa advertencia y abría bien los ojos para ver por donde se iba a fugar el conejo y, en el momento en que abrió los ojos el conejo se iba a fugar el conejo y, en el momento enque abrió los ojos, el conejo aprovechó para aventarle, un puño de arena en los ojos y salió huyendo, mientras la garza se quedo revolcándose.



Fuente: INI, Las aventuras del tío conejo. Cuento popoluca, México, 1993.